Por qué Madagascar reúne minerales tan espectaculares: la historia detrás de cada pieza
Celestina, dumortierita, apatita, labradorita, amonites... la isla roja no es solo el paraíso de biodiversidad que todos conocemos: por debajo esconde una historia igual de rica
Cualquiera que haya girado una labradorita en la mano y visto cómo estalla en azules y verdes, o que haya tenido delante una geoda de celestina con cristales del tamaño de un dedo, se ha hecho la misma pregunta: ¿por qué sale tanto de Madagascar, y tan variado? No es casualidad. A esta isla le han pasado, una detrás de otra, varias cosas que casi nunca coinciden en el mismo sitio: es un trozo de roca muy, muy antigua que un día se desprendió de un continente mucho mayor; ese "desprendimiento" dejó grietas por las que subió magma y creó auténticas fábricas de cristales grandes; una parte de la isla, además, estuvo bajo el mar hace bastante menos tiempo, así que ahí la historia es otra completamente distinta, de mares y fósiles; y para rematarlo, la lluvia y el calor actuales llevan miles de años "limpiando" la superficie y dejando los cristales casi a la vista.
Ninguna de esas cosas por sí sola explicaría la variedad que hay hoy en un solo país. Es la suma la que hace que en un mismo catálogo convivan piezas que tardaron millones de años en cocinarse bajo tierra junto a fósiles de un mar que ya no existe.
En una frase: Madagascar tiene tantos minerales distintos porque es un trozo de roca antiquísima que se separó de un continente mayor, porque esa separación abrió grietas por las que subió magma y formó bolsas donde los cristales tuvieron tiempo de sobra para crecer grandes, porque una parte de la isla estuvo bajo el mar en una época mucho más reciente y ahí se formaron piezas totalmente distintas (fósiles, geodas), y porque el clima actual erosiona la tierra con fuerza y deja buena parte de todo esto casi a flor de suelo.