2. Minerales alocromáticos: el color es prestado
Aquí está la mayoría de las gemas más comerciales. En su forma pura serían incoloras, pero trazas diminutas de otros elementos —a veces una parte entre millones— tiñen el cristal. Como la impureza varía de un yacimiento a otro, un mismo mineral puede lucir muchos colores distintos.
El ejemplo perfecto es el cuarzo, protagonista de tantas vitrinas:
- Amatista: violeta, por trazas de hierro sometidas a radiación natural del terreno. Es el mismo hierro que en otras condiciones da tonos dorados, solo que colocado de otra forma dentro del cristal.
- Citrino: dorado a ámbar, también por hierro pero en otro estado; de hecho, amatista y citrino son químicamente casi gemelos y a veces conviven en un mismo cristal bicolor llamado ametrino.
- Cuarzo ahumado: pardo a gris, por radiación natural sobre pequeñas impurezas.
- Cuarzo rosa: su suave tono rosado se debe a trazas de otros elementos y a diminutas fibras internas, que a veces crean un delicado efecto de estrella cuando la luz incide de frente.
- Cristal de roca: transparente, el cuarzo sin apenas huéspedes que lo coloreen.
Lo mismo ocurre con el berilo: incoloro en estado puro, se convierte en esmeralda verde con cromo, en aguamarina azul con hierro, en morganita rosa con manganeso o en heliodoro amarillo, también con hierro. Es asombroso pensar que gemas con nombres tan distintos son, en el fondo, el mismo mineral con distintos invitados dentro.
Con el corindón pasa algo parecido y hasta poético: el mismo mineral es rubí rojo cuando lleva cromo, o zafiro azul cuando lleva hierro y titanio. Es decir, un rubí no es más que un zafiro rojo. Y la fluorita se lleva la palma de la variedad: puede aparecer violeta, verde, azul, amarilla, rosa o incolora, a veces con varias franjas de color en la misma pieza, lo que la ha convertido en una de las favoritas de los coleccionistas.
La gran lección: el color, por sí solo, no basta para identificar un mineral alocromático.
Un verde puede ser esmeralda, turmalina, peridoto, jade o fluorita; un rojo puede ser rubí, granate o espinela. Por eso los mineralogistas nunca se fían solo del color: miran también dureza, brillo, forma del cristal y otras propiedades. El color es la primera invitación, no la última palabra.