Por qué llegan de Marruecos fósiles tan extraordinarios: la historia geológica detrás de cada pieza
Trilobites, ortoceras, amonites, dientes de Spinosaurus... el Sahara marroquí no es solo desierto: es el fondo de varios mares antiguos, hoy al descubierto
Cualquiera que haya visto una mesa de mármol negro con ortoceras incrustadas, o un trilobites perfectamente conservado con sus ojos y su caparazón segmentado intactos, se ha hecho la misma pregunta: ¿por qué salen tantos de Marruecos, y con ese nivel de detalle? La respuesta no es casualidad ni suerte geográfica. Es la combinación de cuatro factores que rara vez coinciden en un mismo lugar: esa zona del Sahara estuvo bajo el mar durante cientos de millones de años —varias veces, en distintas épocas—, el tipo de sedimento que se depositó allí conserva los detalles con una precisión inusual, el clima actual, árido y sin apenas vegetación, deja las capas de roca completamente expuestas, y existe una tradición local, de varias generaciones, dedicada a extraerlos y prepararlos.
Ninguno de esos cuatro factores por separado explicaría la abundancia y la calidad que hoy vemos en tiendas y colecciones. Es la suma la que convierte al sureste marroquí, y en concreto a la zona de Erfoud, Alnif y Rissani, en uno de los territorios más fosilíferos del planeta.
En una frase: Marruecos acumula fósiles extraordinarios porque su territorio estuvo cubierto por mares antiguos en varias épocas distintas (primero mares paleozoicos hace más de 380 millones de años, después deltas y ríos del Cretácico hace unos 100 millones de años), porque el tipo de roca que se formó allí —calizas y limos de grano fino— conserva los detalles con muchísima precisión, porque la erosión del desierto actual deja esas capas al descubierto sin apenas excavar, y porque existe una industria artesanal local, con generaciones de experiencia, dedicada a localizarlos, extraerlos y prepararlos.