2. Las calas y rincones que vas encontrando por el camino
La salida habitual es la platja de l'Alguer, en el paseo marítimo de l'Ametlla de Mar, muy cerca del puerto pesquero. Desde ahí el camino va enlazando una sucesión de calas pequeñas, la mayoría rocosas y de aguas muy limpias: la cala de l'Estany Podrit, la cala de Santes Creus, la cala Forn y, ya más cerca de l'Ampolla, la conocida cala de l'Àliga, una de las más fotografiadas de todo el recorrido por su color verdoso-turquesa.
Por el camino también se ven restos de bunkers, trincheras y emplazamientos de baterías de la Guerra Civil, además de los perfiles de antiguas torres de defensa como la de Sant Jordi d'Alfama, recuerdo de tiempos en los que esta costa era vigilada frente a los ataques berberiscos. Ya en el tramo final, antes de llegar a l'Ampolla, los acantilados cambian de color y se vuelven de un naranja muy llamativo, un contraste precioso con el azul del mar.
Curiosidad: aunque el recorrido pasa por dos municipios, en realidad no atraviesa ningún núcleo urbano intermedio: entre l'Ametlla de Mar y l'Ampolla el camino va siempre pegado a la costa, sin pueblos por medio, solo alguna casa aislada y el restaurante Balcó de l'Estany a la altura de la cala del mismo nombre.
Si vas con niños o prefieres una versión corta, se puede llegar a la cala de l'Àliga sin hacer la etapa entera: son algo más de 5 km desde l'Ametlla de Mar, o unos 7 km si se empieza desde l'Ampolla. Ida y vuelta al mismo punto de partida, contando baños y paradas para las fotos, se puede alargar fácilmente a 5-6 horas.