GR-92 de l'Ametlla de Mar a l'Ampolla: la etapa de las calas escondidas de la Costa Daurada

Un recorrido a pie junto al mar, entre acantilados, torres de vigilancia y aguas turquesa, con tren de ida y vuelta incluido

El otro día nos calzamos las botas para hacer la etapa 29 del GR-92, el llamado Sendero del Mediterráneo, entre l'Ametlla de Mar y l'Ampolla. Es uno de esos tramos de costa que parecen sacados de otra época: acantilados bajos, calas diminutas de agua transparente y ni rastro de urbanizaciones. Salimos con calma, cámara en mano, parando en cada cala que nos íbamos encontrando, y el resultado fue una de esas excursiones que se disfrutan tanto por el paisaje como por la sensación de estar recorriendo un trozo de costa que apenas ha cambiado en décadas.

Aquí van nuestras notas, curiosidades y consejos prácticos: dónde empieza y termina el camino, qué calas te vas a encontrar, un poco de historia de la zona, y cómo movernos en Renfe para no tener que dejar el coche a medio camino ni repetir el mismo tramo dos veces.

GR92 Ametlla - Ampolla

1. Dónde está y qué recorrido tiene

Esta etapa forma parte del GR-92, el sendero de gran recorrido que va bordeando toda la costa catalana desde Portbou hasta Ulldecona y que además enlaza con el sendero europeo E-10. El tramo que nos ocupa discurre íntegramente por el litoral del Baix Ebre y el Montsià, en la provincia de Tarragona, siguiendo el trazado del antiguo camí de ronda: el camino que antiguamente usaban carabineros y pescadores para vigilar la costa.

Dato clave: la ruta tiene unos 16 km y suele hacerse en unas 4-5 horas caminando sin prisa. El desnivel acumulado ronda los 200-250 metros, repartidos en un continuo sube y baja entre calas, así que aunque técnicamente es fácil, en verano puede resultar exigente por el calor y por lo rocoso de algunos tramos.

El camí de ronda no nació como ruta senderista, sino como camino de vigilancia costera: durante siglos sirvió para que carabineros y pescadores pudieran recorrer la costa a pie, controlando desembarcos y avistando barcos desde los acantilados. Con el tiempo, ese trazado utilitario se ha convertido en uno de los itinerarios más apreciados del senderismo mediterráneo, y el GR-92 lo ha ido incorporando tramo a tramo a su recorrido de norte a sur de Catalunya.

El GR-92 completo recorre toda la costa catalana, desde Portbou, en la frontera con Francia, hasta Ulldecona, ya lindando con la Comunitat Valenciana. Forma parte además del sendero europeo E-10, que continúa hacia Francia por un lado y hacia tierras valencianas por el otro. La etapa que une l'Ametlla de Mar con l'Ampolla es la número 29 de ese recorrido total, y está considerada una de las más bellas de todo el tramo de la Costa Daurada.
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2. Las calas y rincones que vas encontrando por el camino

La salida habitual es la platja de l'Alguer, en el paseo marítimo de l'Ametlla de Mar, muy cerca del puerto pesquero. Desde ahí el camino va enlazando una sucesión de calas pequeñas, la mayoría rocosas y de aguas muy limpias: la cala de l'Estany Podrit, la cala de Santes Creus, la cala Forn y, ya más cerca de l'Ampolla, la conocida cala de l'Àliga, una de las más fotografiadas de todo el recorrido por su color verdoso-turquesa.

Por el camino también se ven restos de bunkers, trincheras y emplazamientos de baterías de la Guerra Civil, además de los perfiles de antiguas torres de defensa como la de Sant Jordi d'Alfama, recuerdo de tiempos en los que esta costa era vigilada frente a los ataques berberiscos. Ya en el tramo final, antes de llegar a l'Ampolla, los acantilados cambian de color y se vuelven de un naranja muy llamativo, un contraste precioso con el azul del mar.

Curiosidad: aunque el recorrido pasa por dos municipios, en realidad no atraviesa ningún núcleo urbano intermedio: entre l'Ametlla de Mar y l'Ampolla el camino va siempre pegado a la costa, sin pueblos por medio, solo alguna casa aislada y el restaurante Balcó de l'Estany a la altura de la cala del mismo nombre.
Si vas con niños o prefieres una versión corta, se puede llegar a la cala de l'Àliga sin hacer la etapa entera: son algo más de 5 km desde l'Ametlla de Mar, o unos 7 km si se empieza desde l'Ampolla. Ida y vuelta al mismo punto de partida, contando baños y paradas para las fotos, se puede alargar fácilmente a 5-6 horas.
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3. Naturaleza: pinos, acantilados y una laguna con peces únicos

Más allá de las calas, el camino atraviesa una vegetación mediterránea muy bien conservada, con pinares que en algunos tramos llegan casi hasta la orilla y matorral bajo típico de la costa catalana. No es casualidad que a este tramo del GR-92 se le conozca también, de forma poética, como el camino "donde los pinos se enamoran del mar".

La zona de Santes Creus, junto a la cala del mismo nombre, está catalogada como espacio de interés natural: alberga una de las pocas colonias que quedan del fartet y el samarugo, dos pequeños peces de agua salobre endémicos del este de la península y en peligro de extinción. También merece mención el antiguo puerto natural del Estany, refugio pesquero antes de que se construyera el puerto moderno de l'Ametlla de Mar, y que hoy sigue siendo uno de los rincones más tranquilos del recorrido.

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4. Los dos pueblos: l'Ametlla de Mar y l'Ampolla

Aunque el camino en sí no pasa por ningún pueblo intermedio, vale la pena conocer un poco los dos municipios que hacen de puerta de entrada y salida de la ruta, porque tienen personalidad propia y una relación muy estrecha con el mar.

L'Ametlla de Mar nació en 1775, cuando un grupo de pescadores procedentes del Grau de València buscaron abrigo del viento en esta costa y fundaron la aldea de la Cala de l'Ametlla, entonces parte del municipio del Perelló. No se independizó como municipio propio hasta 1891. Hoy sus poco más de 7.000 habitantes son conocidos popularmente como "caleros", en referencia a las numerosas calas que salpican su litoral, y el pueblo vive en buena parte de la pesca: es uno de los puertos pesqueros más importantes de Catalunya y, en las últimas décadas, se ha convertido también en referencia mundial de la cría y comercialización del atún rojo, con empresas locales que exportan a decenas de países.

L'Ampolla, por su parte, es un municipio más joven —se independizó del Perelló en 1989, aunque ya había sido declarado municipio en 1937— y funciona como una de las puertas de entrada al Delta de l'Ebre, uno de los humedales más importantes del Mediterráneo occidental. Llegar caminando desde l'Ametlla de Mar y ver cómo el paisaje de acantilados va cediendo terreno a la llanura deltaica es una de las mejores formas de entender el contraste geográfico de esta parte de la costa tarraconense.

Dato clave: los famosos acantilados naranjas que se ven en el tramo final, ya cerca de l'Ampolla, marcan de forma muy visual esa transición: son los últimos relieves rocosos antes de que la costa se aplane por completo al entrar en el Delta de l'Ebre.
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5. Cómo llegar y volver en Renfe

La gran ventaja de esta etapa es que puede hacerse en lineal sin complicarte la vida con el coche, porque tanto l'Ametlla de Mar como l'Ampolla tienen estación de tren en la línea de Media Distancia Regional Exprés que conecta Barcelona con Tortosa, Vinaròs y Valencia. El trayecto entre ambas estaciones dura apenas 8-10 minutos.

Nuestra recomendación es dejar el coche en la estación de destino y coger el tren hacia el punto de salida, para no tener que volver sobre tus pasos al terminar. La estación de l'Ametlla de Mar está a poca distancia a pie del paseo marítimo y de la platja de l'Alguer; la de l'Ampolla (l'Ampolla-el Perelló-Deltebre) queda también muy cerca del puerto, cruzando las vías justo al llegar al pueblo.

Consejo práctico: los trenes regionales en esta línea no son muy frecuentes (unos pocos servicios al día), así que conviene mirar los horarios en la app o la web de Renfe antes de salir de casa y no fiarse de que habrá tren "cada poco". El billete entre las dos estaciones cuesta unos 3 euros y el trayecto en tren se puede aprovechar para descansar las piernas antes o después de la caminata.

Otra opción, si vienes desde Barcelona o Tarragona, es combinar el mismo tren regional para llegar y volver en un único día de excursión: tomas el regional hasta l'Ametlla de Mar por la mañana, haces la ruta hasta l'Ampolla y allí coges de nuevo el tren, ya sea de vuelta hacia el norte o continuando hacia el sur en dirección a Tortosa. Esta línea también permite enlazar, con algo más de tiempo de viaje, con Valencia por un lado y con Barcelona por el otro, así que si os animáis a encadenar varias etapas del GR-92 en distintos días, la logística con tren es bastante cómoda.

Si prefieres ir en coche y hacer la ruta lineal igualmente, una alternativa habitual es dejar el vehículo en la estación de destino y usar el tren solo para el desplazamiento inicial hasta el punto de salida, evitando así mover el coche dos veces. También existe la opción de autobús de línea entre los dos municipios, aunque con menos frecuencia que el tren y sin parada tan cerca del inicio del sendero.
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6. Cuándo hacerla y qué llevar

Al ir siempre en primera línea de costa y sin apenas sombra, la primavera y el otoño son las mejores épocas para disfrutarla con calma. En verano también se puede hacer, pero conviene salir temprano, llevar bañador para aprovechar las calas y no escatimar en agua, protector solar y algo para taparse la cabeza. El calzado importa más de lo que parece: buena parte del camino es rocoso y con continuos desniveles cortos, así que un calzado de trekking con buen agarre se agradece.

Un par de recomendaciones más que se agradecen sobre el terreno: lleva al menos un litro de agua por persona, porque no hay fuentes en todo el recorrido, y suma repelente de mosquitos si vas en los meses cálidos, sobre todo en los tramos con más vegetación cerca de la costa. La señalización del GR es buena en general, con las clásicas marcas blancas y rojas, así que aunque existan tracks descargables, conviene fiarse sobre todo de las marcas físicas del sendero, ya que en algún punto el trazado se ha desviado ligeramente del recorrido antiguo.

Consejo práctico: las horas centrales del día son las de más calor y menos sombra, así que si vas en verano, plantéate salir a primera hora de la mañana o, si el horario de trenes lo permite, hacer la ruta al atardecer, cuando la luz rasante sobre los acantilados naranjas del tramo final es especialmente bonita para las fotos.
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Preguntas frecuentes

¿Es difícil la etapa de l'Ametlla de Mar a l'Ampolla?

Técnicamente es fácil y está bien señalizada, pero el terreno rocoso y el continuo sube y baja la hacen algo más exigente de lo que parece sobre el papel, sobre todo con calor.

¿Se puede volver en tren al punto de partida?

Sí, tanto l'Ametlla de Mar como l'Ampolla tienen estación de Renfe en la misma línea regional, con un trayecto de apenas 8-10 minutos entre ambas, lo que permite hacer la ruta en lineal sin necesidad de dos coches.

¿Hay pueblos por el camino donde parar a comer o beber?

No hay núcleos urbanos intermedios, así que conviene llevar agua y comida suficiente. La única referencia a medio camino es el restaurante Balcó de l'Estany, junto a una de las calas.

¿Cuál es la mejor cala de la ruta para bañarse?

La cala de l'Àliga suele ser la más celebrada por su color turquesa y su entorno de acantilados bajos, aunque el acceso al agua es algo incómodo por ser una cala de piedras.

¿Es apta la ruta para hacer con niños?

Sí, aunque conviene ir con cuidado en los tramos de rocas y valorar hacer solo un tramo corto, como la ida y vuelta hasta la cala de l'Àliga, en lugar de la etapa completa de 16 km.

¿Hay sombra durante el recorrido?

Muy poca. El camino va casi siempre a cielo abierto junto a los acantilados, con algún tramo de pinar, así que en los meses de más calor conviene llevar protección solar y evitar las horas centrales del día.

¿Se puede hacer en sentido inverso, de l'Ampolla a l'Ametlla de Mar?

Sí, la ruta se puede hacer perfectamente en los dos sentidos, ya que ambos municipios tienen estación de tren. La elección suele depender simplemente de dónde prefieras dejar el coche o de en qué dirección te interese ver la luz durante la caminata.

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