En la mitología griega, la historia de la amatista está relacionada con la figura de Dionisio, el dios del vino y la embriaguez. Según la leyenda, había un hermoso mortal llamado Amethystos, quien era devoto seguidor de Artemisa, la diosa de la caza y protectora de las doncellas.

Un día, Dionisio se enfadó con Artemisa y decidió vengarse provocando a los tigres para que atacaran al próximo que cruzara su camino. Amethystos, temiendo por su vida, suplicó a Artemisa que lo protegiera. La diosa, conmovida por su devoción y pureza, transformó a Amethystos en una estatua de cristal blanco puro para salvarlo del ataque de los tigres.

Cuando Dionisio se dio cuenta de la acción de Artemisa y de que su venganza no se llevaría a cabo, sintió remordimiento y tristeza por haber causado tanto sufrimiento. Entonces, derramó una copa de vino sobre la estatua de Amethystos en señal de disculpa y arrepentimiento. El vino tiñó el cristal blanco y lo transformó en un hermoso cristal de color violeta, que ahora conocemos como amatista.

Desde ese momento, la amatista se consideró una piedra preciosa con poderes protectores contra la embriaguez y los efectos nocivos del alcohol. Se creía que llevar una amatista o beber en copas hechas de este cristal podía prevenir la intoxicación y mantener la mente clara.

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